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La personalidad y la ética del carácter.

La ética del carácter enseñaba que existen principios básicos para vivir con efectividad, y que las personas sólo pueden experimentar un verdadero éxito y una felicidad duradera cuando aprenden esos principios y los integran en su carácter básico. La ética de la personalidad se basa en la imagen pública, de las actitudes y las conductas, habilidades y técnicas que hacen funcionar los procesos de la interacción humana, más manipulador.



La personalidad y la ética del carácter

En casi todos los libros de autoayuda, exito y perfeccionamiento desde 1776, hay una pauta sorprendente, gran parte de la literatura sobre el éxito de los últimos cincuenta años es superficial, llena de obsesión por la imagen, las técnicas y los arreglos transitorios de tipo social, parches para solucionar problemas agudos, pero dejaban intactos los problemas crónicos subyacentes, que empeoraban y reaparecían una y otra vez.

En total contraste con lo anterior, casi todos los libros de más o menos los primeros ciento cincuenta años se centraban en lo que podría denominarse la "ética del carácter" como cimiento del éxito: en cosas tales como la integridad, la humildad, la fidelidad, la mesura, el valor, la justicia, la paciencia, el esfuerzo, la simplicidad, la modestia y la "regla de oro" es decir, Trata a los otros como querrías que ellos te trataran a tí.

La ética del carácter enseñaba que existen principios básicos para vivir con efectividad, y que las personas sólo pueden experimentar un verdadero éxito y una felicidad duradera cuando aprenden esos principios y los integran en su carácter básico.

La ética de la personalidad.

Poco después de la Primera Guerra Mundial la concepción del éxito pasó de la ética del carácter a la "ética de la personalidad". El éxito pasó a ser más una función de la personalidad, de la imagen pública, de las actitudes y las conductas, habilidades y técnicas que hacen funcionar los procesos de la interacción humana. La ética de la personalidad, en lo esencial, tomó dos sendas: una, la de las técnicas de relaciones públicas y humanas, y otra, la actitud mental positiva (AMP). Algo de esta filosofía se expresaba en máximas inspiradoras y a veces válidas, como por ejemplo "Tu actitud determina tu altitud", "La sonrisa hace más amigos que el entrecejo fruncido" y "La mente humana puede lograr todo lo que concibe y cree".

Otras partes del enfoque basado en la personalidad eran claramente manipuladoras, animaban a usar ciertas técnicas para conseguir gustar a las demás personas, o a fingir interés por los intereses de los otros para obtener de ellos lo que uno quisiera, o a usar el "aspecto poderoso", o a intimidar a la gente. La verdad residía en técnicas transitorias de influencia, estrategias de poder, habilidad para la comunicación y actitudes positivas.

Cuando trato de usar estrategias de influencia y tácticas para conseguir que los otros hagan lo que yo quiero, que trabajen mejor, que se sientan más motivados, que yo les agrade y se gusten entre ellos, nunca podré tener éxito a largo plazo si mi carácter es fundamentalmente imperfecto, y está marcado por la duplicidad y la falta de sinceridad. Mi duplicidad alimentará la desconfianza, y todo lo que yo haga (incluso aplicando buenas técnicas de "relaciones humanas") se percibirá como manipulador. No importa que la retórica o las intenciones sean buenas; si no hay confianza o hay muy poca, faltarán bases para el éxito permanente. Solamente una bondad básica puede dar vida a la técnica. Esto funciona como el cosechar, el campo es un sistema natural. Uno hace el esfuerzo y el proceso sigue. Siempre se cosecha lo que se siembra; no hay ningún atajo.

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